Comunidades, claves para proyectos de energías limpias

 

En entrevista con ACIEM, José Eddy Torres, director del Programa de Energía Limpia para Colombia 2012–2017, resaltó los potenciales del país para la inversión en Fuentes no Convencionales de Energía y los retos que persisten a nivel institucional y de reglamentación.

El Programa de Energía Limpia para Colombia 2012–2017, liderado por la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por su sigla en inglés) consiguió, en cinco años, que las energías renovables y la eficiencia energética se convirtieran en parte de la agenda pública del país, llevando nuevas tecnologías a Zonas No-Interconectadas alrededor de la geografía nacional.

Cuando inició el programa, en 2012, el reto no era menor: invertir en eficiencia energética y lograr una integración con Fuentes no Convencionales de Energía (Fncer), como se conoce en el país a pequeñas centrales hidroeléctricas menores a 10 Mw y al resto de recursos renovables alternativos.

Cinco años más tarde, con una inversión de casi 20 millones de dólares, el Programa logró impactar a 23.588 personas en todo el territorio nacional y vincular a casi 200 organizaciones entre empresas, comunidades, sector cooperativo y entidades públicas y académicas, quienes contribuyeron a la reducción de 103.911 toneladas métricas de Gases de Efecto Invernadero (GEI) durante su vigencia.

ACIEM: ¿Cuáles fueron los resultados más notables del programa de Energía Limpia para Colombia 2012 – 2017?

José Torres: Logramos desarrollar más de 200 proyectosy actividades de impulso a las energías renovablesy eficiencia energética desde tres frentede acción: el primero, que denominamos creaciónde clima, consistió en el desarrollo de condicionespara que la eficiencia energética y las energías renovablesse volvieran un lugar común, un accionar normal de la economía y de la sociedad colombiana, a través de los planes de energización social.

El segundo frente fue la energización rural con energías alternativas en Zonas No-Interconectadas, aplicaciones de las energías renovables tanto en micro centrales como en sistemas solares para propósitos no solo de confort o uso residencial, sino en gran medida para resolver problemas de infraestructura educativa, de salud y productiva, en 75 municipios de 28 departamentos.

ACIEM: ¿Cuáles fueron las mayores dificultades para llevar energía limpia a las comunidades apartadas y no conectadas?

José Torres: En primer lugar, existe una falta de conocimiento y credibilidad en las tecnologías; sin embargo, la mayor dificultad quizás fue la visión estatal y asistencialista de nuestros socios en los proyectos, los cuales fueron articulados con otras entidades. Debimos trabajar el tejido social, organizar a la comunidad para poder apropiarse no solamente de la tecnología, sino de las posibilidades productivas y de administración de los sistemas para darle continuidad y mantenimiento, y que sean ellas mismas las encargadas de gestionar y realizar la reposición de una batería, por ejemplo.

ACIEM: Es decir, ¿se entrenaban a las personas de las comunidades para poder prestar soporte a las mismas plantas?

José Torres: Claro, esto formaba parte del plan. Por ejemplo, a nivel educativo, solo en Antioquia, realizamos 15 instalaciones solares en escuelas indígenas, a las cuales se puede tardar uno o dos días en llegar, al igual que en la alta Guajira y en la Serranía la Macuira, lugares donde la refrigeración es fundamental. Igualmente, en muchos sitios cuentan con computadores pero no con electricidad, así que ese fue otro de nuestros objetivos.

ACIEM: Usted ha resaltado la importancia del trabajo con las comunidades, pero desde los medios de comunicación, en algunas ocasiones, se les presenta como un obstáculo para el desarrollo de proyectos en zonas apartadas del país, ¿cuál es la clave realmente?

José Torres: Existe el mito de que las comunidades dificultan proyectos de inversión que no son para ellas. Desde mi experiencia, no solo en el campo rural sino también en el de manejo de recursos naturales y forestales, nunca he encontrado el menor obstáculo.

En algunas ocasiones, lo que sí encontramos es falta de cohesión interna y es ahí donde el proyecto, muy posiblemente, no funcione.

ACIEM: ¿Qué pasa con las licencias ambientales?

José Torres: Solo en consultas previas el trámite puede durar de tres a cinco meses; sin embargo, en zonas muy remotas puede tardar hasta un año, puesto que se tiene un tiempo restringido y se deben reprogramar visitas hasta seis meses después.

En término de permisos ambientales, la mayoría de ocasiones trabajábamos con las corporaciones regionales; sin embargo, cuando los proyectos se ejecutaban en algún parque nacional, encontrábamos mayores dificultadas en la Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (Anla) y en la obligatoriedad de la aplicación del Reglamento Técnico de Instalaciones Eléctricas (RETIE), el cual estipula, por ejemplo, que la tubería debe estar empotrada en la pared, pero cuando estoy en un rancho sin paredes ¿cómo hago? Es muy difícil aplicar las normas citadinas de licenciamiento ambiental.

Un ejemplo más: en una comunidad progresista del cordón ambiental de la Sierra Nevada de Santa Marta, adquirieron un taller de carpintería, para lo cual necesitaban una microcentral hidroeléctrica. Nosotros diseñamos una de 8 kilovatios con una línea de 800 metros para poder operar una sierra y un trapiche panelero. No obstante, para tramitar la licencia ambiental se debía cumplir una metodología de licencias ambientales para grandes centrales hidroeléctricas, de 100 megavatios, y eso incluía estudios sísmicos, arqueológicos, e incluso, ictiológicos, además de un seguimiento de prácticamente un año que sí estaba justificado para un proyecto de tal envergadura, pero no para este.

Finalmente, nos tuvimos que retirar de ahí y dejarle a la comunidad toda la documentación, los planos y los cálculos. No podíamos hacer más; peleamos tres años ese proyecto.

ACIEM: ¿La reglamentación actual no es adaptativa y obstaculiza el desarrollo en algunas zonas apartadas del país?

José Torres: Sí, la reglamentación es muy rígida y en Colombia todos tienen miedo a las investigaciones, lo que hace que desde las instituciones se dificulten los procesos. A esto se suma el miedo a que sean las comunidades las que se responsabilicen de los proyectos y no una empresa con una concesión.

ACIEM: ¿Qué metodologías emplearon para determinar las regiones o departamentos con las condiciones apropiadas para llevar soluciones fotovoltaicas?

José Torres: El 100% del territorio colombiano es apto para la energía solar, no hay un rincón donde no se puedan montar paneles solares. Por ejemplo, en materia de soluciones hospitalarias, junto con el programa Plan Fronteras para la Prosperidad, que lidera la Cancillería, ayudamos con el diseño técnico de soluciones eléctricas para que se pudieran emplear algunos equipos mínimos de refrigeración, fundamentales en centros de salud en estos rincones del país.

ACIEM: ¿Cuál fue el porcentaje de participación de la Ingeniería nacional en el desarrollo del proyecto?

José Torres: El 98% del trabajo lo hicieron colombianos. Adicionalmente, tuvimos participación de técnicos extranjeros en algunos estudios especializados, como en una consultoría para ayudar a la Comisión Reguladora de Energía y Gas – CREG a diseñar la Resolución 004, en la que hicimos un mapa de recursos y costos nivelados de energía con un modelo que, incluso, no se puede correr en los computadores nacionales.

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