Que el análisis de la proyección de crecimiento para América Latina y el Caribe realizado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) ubique a Colombia, en 2019, como la segunda economía con mejor rendimiento de la región, con un crecimiento del 3,6% (detrás estaría Perú con un 4,1,%), nos hacen prever un futuro optimista. Encontramos sectores, nuevos y tradicionales, que están ayudando a transformar positivamente la economía, algunos de ellos aún con enormes potenciales que contribuirán al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) y dinamizarán una economía ansiosa por desarrollarse.

Es indudable que el escenario de posconflicto es un factor de gran ayuda para este optimismo general, así como ser parte de los países miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE).

Sin embargo, aún hay mucho trabajo por hacer para lograr que los 45,5 millones de colombianos contemos con nuevas y mejores oportunidades para mejorar nuestra calidad de vida, siguiendo las recomendaciones de la OCDE, que como club de buenas prácticas, ha compartido conocimiento y asesoría para el mejoramiento de las políticas públicas y la promoción del buen gobierno, que permitieron a Colombia llegar a esta instancia.

En el sector TIC, a lo largo de los últimos meses de 2018, el Gobierno Nacional trabajó intensamente en lograr el apoyo de distintos sectores para fijar la Hoja de Ruta para la modernización del sector, con el objeto de cambiar la relación entre el número de conexiones a internet y el número de colombianos que las utilizan.

Vale la pena destacar que los boletines del Ministerio TIC dan cuenta que de las 30 millones de conexiones a internet, solo 18 millones son verdaderamente efectivas. Desde ACIEM hemos explicado que la forma como se han sumado a lo largo de los últimos años las conexiones de Banda Ancha fija y móvil ha llevado a distorsionar la realidad del sector respecto a los colombianos que están conectados digitalmente.

Por ello, el primer factor para seguir transformando el país es fortalecer la economía digital para reducir las brechas y así lograr que el 100% de los colombianos tengan acceso al vasto universo de las nuevas tecnologías y de la Sociedad del Conocimiento.

Solo así el país podrá avanzar en temas como gobierno digital e interoperabilidad institucional, alcanzando las metas trazadas en el Conpes 3920 de 2018 que definió a Colombia como el primer país en Latinoamérica con una política pública para la explotación de datos Big Data.

De otra parte, y siguiendo los lineamientos de la Industria 4.0 y el Internet de las Cosas (IoT), Colombia deberá fortalecer la industria electrónica nacional (hardware), teniendo en cuenta que el país realizó exportaciones de productos electrónicos por un poco más de 430 millones de dólares, cifra que se ubica por debajo de los registros de otras economías de la región y del continente africano.

El año anterior ACIEM concluyó el estudio: Perspectivas y Oportunidades para el Sector Electrónico en Colombia, el cual evidenció la necesidad de crear unapolítica pública que impulse el desarrollo de nuestraindustria local y permita a su vez la incursión en nuevosmercados de exportación o suplir alguna fracciónde las importaciones que se realizarán en los próximoscinco años, las cuales se estiman en cerca de 35mil millones de dólares.

Otro sector, donde Colombia tiene importantes retos es el de infraestructura, donde el Estado tiene una poderosa herramienta de planificación del sector expresada en los Planes Maestros de Transporte Intermodal 2015-2030.

En concepto de ACIEM, estos planes se deben fortalecer y, si es el caso, reorientarlos, donde el trabajo por realizar tiene que ver, entre otros, con la financiación de los proyectos que requiere el país en sus próximos 20 años, así como el análisis y reflexión sobre vigencias futuras.

El sector energético es otro sector clave para la transformación de la economía del país en los próximos años. En este sentido, ACIEM ha señalado la importancia que el país cuente nuevamente con un Plan Energético Nacional (PEN), actualizado, que sirva para su articulación con los planes, programas y proyectos que el estado desarrollará en el mediano y largo plazo, integrados con los subsectores de petróleo, gas, energía eléctrica, energías renovables, carbón y minería.

Un caso que merece especial atención para el buen desarrollo del sector eléctrico es el de Electricaribe. En una comunicación que enviamos a finales de 2018 a la Ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, expresamos que sería prudente y oportuno rediseñar el proceso de búsqueda de participación de uno o varios inversionistas estratégicos a la operación de la compañía, considerando las realidades del mercado y las reglas de competencia que consideran la desintegración vertical y horizontal del mismo.

Igualmente, la eficiencia energética debe seguir siendo el estandarte en la recuperación de Electricaribe y que se debe seguir respaldando desde el Ministerio de Minas y Energía como una Política Pública.

Como vemos, los retos que tiene el Gobierno Nacional, y el país en general, son importantes, numerosos y significativos para proyectar en la próxima década a Colombia como un país líder en la región en materia de crecimiento, desarrollo, productividad y competitividad.

Por ello necesitamos mejorar las competencias de nuestros ciudadanos en todos los aspectos de la vida profesional, social y cultural de la sociedad para lograr este objetivo. Y por supuesto, los Ingenieros no somos ajenos a este reto país.

Desde ACIEM estaremos prestos para apoyar, en calidad de Cuerpo Técnico Consultivo, todas las acciones que conduzcan a lograr una participación de los Ingenieros y de la Ingeniería en la construcción de ese nuevo país que hemos soñado por décadas y que ahora se nos da la oportunidad de hacerlo desde distintos escenarios, desde distintas perspectivas para lograr que más colombianos sean parte de la Sociedad del Conocimiento.

 

Las evidencias muestran que la fusión educación y trabajo para un mundo interconectado y con estructuras virtuales será una de las transiciones más rápidas que la humanidad haya experimentado, y para la cual pocas personas están preparadas.

En el marco de las discusiones sobre la formación en Ingeniería y los retos de la integración con los sectores productivos, la Comisión de Formación e Integración en Ingeniería de ACIEM viene analizando los aspectos más relevantes para la formación futura de profesionales en el campo de la Ingeniería.

Un referente interesante para este análisis lo encontramos en la declaración de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la Organización de Naciones Unidas (ONU), en la cual se señalan algunos objetivos para el desarrollo humano y del planeta. Resulta interesante ver cómo, al menos 14 de los 17 objetivos planteados tienen relación con el trabajo de la Ingeniería en sus diversas especialidades.

Todos los puntos mantienen una clara relación con el empleo de los recursos naturales y su transformación para proveer mejores condiciones de vida para todos, los cuales han sido y serán los principales motores de la Ingeniería durante su historia.

Si esta es la apuesta planteada por la ONU para el año 2030, ¿cuál deberá ser el papel de la formación de Ingenieros y profesionales en campos de la Ingeniería para aportar al cumplimiento de estos objetivos declarados, que además Colombia también ha suscrito?

El papel de la investigación en Ciencia y Tecnología en los que pudiesen ser los campos de mayor impacto global para los próximos años tienen la doble necesidad de responder a los adelantos mismos de la ciencia y la técnica desde la generación de nuevo conocimiento, nuevos métodos e instrumentos.

El trabajo de investigación obliga a contar con una mirada interdisciplinaria que permita observar las problemáticas y el diseño de sus soluciones basadas en nuevos desarrollos científicos o tecnológicos, pero que indiscutiblemente tendrán que ser innovadores.

Sin embargo, es fundamental no perder de vista que la formación científica y profesional parte de etapas muy tempranas, pues antes de educarse en una técnica, en una profesión o en una disciplina es necesario reconocerse padre y maestro para poder transmitir a través de la vida cotidiana los valores y principios que luego serán parte integral del estadista, científico, filósofo, Ingeniero, biólogo o abogado.

Las profesiones del futuro

Para comenzar a determinar sobre cuáles han de ser las profesiones del futuro, se puede iniciar considerando que, dentro de la dinámica mundial de desarrollos tecnológicos, empresariales y económicos, en un marco de encuentros y desencuentros culturales, es fundamental proponer y direccionar alternativas educativas que, orientadas por las necesidades sociales actuales, permitan interpretar las nuevas fuentes de trabajo y en cuya perspectiva se cuente con el concurso y rol de diferentes actores.

Las evidencias muestran que la fusión educación y trabajo para un mundo interconectado y con estructuras virtuales será una de las transiciones más rápidas que la humanidad haya experimentado, y para la cual pocas personas están preparadas.

Si consideramos que de las carreras profesionales conocidas hasta hoy, la demanda laboral exige nuevas habilidades centradas en temas de gran movilidad de conocimiento, los programas deben servir básicamente para desarrollar habilidades y competencias para la solución de problemas; fomentar la creatividad y la innovación; tomar conciencia respecto a la sustentabilidad ambiental; fortalecer el compromiso ético y leal con las empresas; desarrollar comunicación asertiva escrita y oral multilingüe e incentivar el trabajo interdisciplinario y en equipo ético y leal con las empresas; desarrollar comunicación asertiva escrita y oral multilingüe e incentivar el trabajo interdisciplinario y en equipo.

Esta hibridación de conocimientos se puede convertir en un terreno fértil para promover una actualización curricular que, alejada de los parámetros de formación educativa tradicional, promueva el desarrollo de ecosistemas de aprendizaje permanente y un esquema de referentes pedagógicos orientados a un cambio de paradigma educativo, el cual proporcione elementos para la nueva orientación profesional.

El rol creciente y determinante de la nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación ha permitido realizar ajustes transversales que requieren una mirada diferente de la universidad, la cual asegure un sincronismo con el mercado donde operará el futuro profesional y la generación de un interés colectivo de bienestar social y ambiental.

La educación sobre nuevas profesiones se confundirá muchas veces con el trabajo, lo que cambiará el paradigma existente hasta ahora, donde había una edad para estudiar y otra para trabajar. Para el futuro, las barreras entre el trabajo y el estudio se habrán difuminado.

Por lo anterior, es preciso configurar un sistema para que los estudiantes naveguen por las vías del aprendizaje justo a tiempo, en donde la experiencia no siga los modelos de aprendizaje lineal o insular de dos o cuatro años, sino que por el contrario estimule un aprendizaje interactivo que permita a los estudiantes regresar y reciclarse para el futuro, bajo la premisa de desaprender y reaprender.

El aprendizaje basado en proyectos o en problemas mejorará sus fundamentos científicos con la generación de procesos en los que los estudiantes no son receptores pasivos de conocimiento y la integralidad se evidenciará en la contribución a la mejora de la vida social: donde se ofrezcan oportunidades a más personas en el mundo para una vida mejor en el marco de una perspectiva global y no solo local o nacional.

Todo lo anterior tiene sentido si formamos a nuestras nuevas generaciones dentro del principio de ser padres y maestros desde su infancia. Cuando se adquiere el hábito de indagar sobre el entorno y el porqué de las cosas se van encontrando respuestas o creando más interrogantes; resulta entonces mucho más fácil y enriquecedor para el país formar personas con espíritu crítico, inquisitivo, escudriñador, capaces de participar en procesos de creación de nuevos conocimientos, que puedan entonces convertirse en técnicos, profesionales o investigadores de cualquiera de las áreas de ciencia y tecnología o en estadistas que con criterio, principios y valores dirijan con mayor acierto los rumbos de nuestra nación1.

Un bello ejemplo sobre padres y maestros en la ciencia lo dio Richard P. Feynman, Premio Nobel de Física en 1965, en su conferencia a la Asociación Nacional de Profesores de Ciencias de los Estados Unidos sobre el tema ¿qué es la ciencia?: “Les contaré como aprendílo que es la ciencia. Es un poco infantil, pues lo aprendísiendo niño y ha estado en mi sangre desde muy temprano.Lo debo a mi padre”.

La Ingeniería frente a las futuras profesiones para la Ingeniería el avance tecnológico es una ventajaconsiderable, pues le permite acometer más y mayoresdesafíos, ya que con la velocidad, versatilidad y capacidadde procesamiento de datos, es posible lograrresultados mucho más pronto.

Así, el Ingeniero moderno se enfrenta a la necesidad de actualizarse permanentemente en el uso de las nuevas herramientas que el mercado pone a su disposición. Sin embargo, hay un aspecto que se ha venido desvaneciendo en este frenesí. Los problemas a resolver son otros, las poblaciones son otras, las necesidades son otras.

Es necesario reflexionar entonces sobre el verdadero perfil del Ingeniero del futuro, aquel que ingresa hoy a los claustros y que iniciará su ejercicio productivo dentro de ocho o diez años, para enfrentarse a problemas que aún no han sido planteados, usando herramientas que aún no han sido desarrolladas, sin haberse visto expuesto al ejercicio de identificar y correlacionar variables para definir y delimitar los problemas que debe resolver. El afán del ‘hacer Ingeniería’ ha superado con creces a la vocación de ‘ser Ingeniero’.

Tal vez es el momento de reflexionar serenamente sobre el papel de la academia en este proceso. Esta es la motivación para convocar, por parte de ACIEM, a unas jornadas de reflexión a finales del año 2018, sobre “El Ingeniero del Futuro”, en las cuales todos los actores tengan la oportunidad de expresarse para poder proponer una ruta de acción a la academia, las sociedades profesionales, el Estado y la población profesional y buscar una redefinición de la profesión que verdaderamente sirva a los más altos intereses de la nación. Y en ello, la investigación en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTeI) será fundamental.

 

 

 
Implementar actividades Ingenieriles a través de la imaginación, pensando en el beneficio social y conectado con principios universales, permitirá que la capacidad de actuar responsablemente vuelva a su lugar asociado a una reflexión desde la ética.

Desde los albores del presente milenio, la Ingeniería a nivel mundial está siendo cuestionada por los contrastes de su evolución, un tanto desequilibrados, en su compromiso social. Lo anterior ha conducido a que, desde la Comisión de Ética de la Asociación Colombiana de Ingenieros, ACIEM, se insista en buscar la manera de encontrar modelos y acciones tendientes a estimular en los actores actitudes reflexivas innovadoras que devuelvan a la ética, en su manifestación aporética1, el valor conducente con el otro y fomentar la interiorización de un ingrediente catalizador: la responsabilidad.

Reconocer que Colombia atraviesa por una situación de incertidumbre, con muchos interrogantes, donde la ética es la variable más golpeada, exige una posición de reflexión y un plan de mejoramiento y recuperación que debe ser atendido por diferentes actores pero, en especial, por todos aquellos profesionales que se hallan inmersos en labores que impliquen riesgo social, como es el caso de los Ingenieros.

Lo anterior exige que desde la Ingeniería se comprenda que la resiliencia2 también aparece en la formación humana. Desde esta perspectiva, ACIEM con su comisión de Ética, quiere aportar elementos orientadores para la reconstrucción ética y el renacimiento de principios que contribuyan al desarrollo del país.

Comenzar por descubrir cuál es la visión de las nuevas generaciones frente a la Ingeniería y desde allí verificar cuál ha sido la posición de los Ingenieros respecto a la ética en su formación profesional, puede orientar una discusión a partir de la cual se puede volver al equilibrio científico-humanístico; en palabras de Forés & Grané (2012), es generar la esperanza de volver a construir dichos círculos virtuosos mediante las expectativas positivas.

En ese sentido, surge la resiliencia como la habilidad de saber construirse en cada ocasión; un entorno efectivamente seguro desde donde explorar el mundo (Forés & Grané, 2012, pág. 10). Hoy, pareciera que luego de observarse las evidencias sobre transformaciones y los avances en la ciencia y la tecnología, en donde se ha necesitado conocimiento y criterio profesional, se quisiera continuar dando paso a los supuestos conceptuales tradicionales del siglo XVIII, con los que se definió la actividad Ingenieril, en donde la ética comenzaba a dar una transformación de la perspectiva teocéntrica a la antropocéntrica.

Al revisar documentos orientadores de la formación académica, aún aparecen en el horizonte teleológico presupuestos orientadores concentrados en dar buen uso y transformación a los elementos de la naturaleza; es decir, persistía un desprendimiento de los intereses con los demás seres vivos.

Buscar el equilibrio con una razón más humana y con nuevas expresiones que incorporen el ingenium3en el diseño conceptual y los procesos alternativos que inviten a levantarse a pesar de las desilusiones sobre el buen obrar genera una propuesta de volver a la búsqueda del bien, permitiéndole a la balanza mantener sus puntos de equilibrio a través de una reflexión ética y moral consensuada. Por lo anterior, marginar los valores morales a unos códigos descontextualizados conduce en Ingeniería a crear los vacíos éticos.

Dos términos dan antesala a esta reflexión: la resiliencia y la ética, ambos conceptos a pesar de haber sido definidos para la sociedad y la Ingeniería, nos ponen ante un nuevo paradigma, donde desde la incertidumbre se hace un llamado a la Ingeniería, en particular a permitir una reconstrucción de los principios que le den la nueva esencia a la profesión.

Resiliencia

El concepto de resiliencia viene del latín resilio, que significa volver atrás, volver a su estado, rebotar; debe tenerse en cuenta que la resiliencia no puede ser pensada como un atributo innato, pues se ha dicho anteriormente que puede usarse en personas y materiales; sin embargo, se trata de un proceso que combinando factores permite desarrollar una competencia que luego se convertirá en habilidad de vida para enfrentar adecuadamente las dificultades.

En el imperativo de la resiliencia (Zolly & Ann, 2012), se aclara que esta no equivale a la recuperación de un sistema a su estado inicial, pues hay líneas de base que no tienen una justa recuperación.

En la Ingeniería, el término fue interpretado como la capacidad que tienen los materiales y los cuerpos de recobrar su forma original después de estar sometido a presiones o tensiones deformadoras, análisis de ello han sido los trabajos en Ingeniería Civil, Mecánica y de materiales, donde se habla que algunos cuerpos tienen la capacidad de volver a su estado inicial sin perder sus propiedades, como en el caso de los resortes.

Para Evans & Reid (2016), la habilidad de un sistema y las partes que lo componen de anticipar de manera oportuna y eficiente los efectos de un acontecimiento y recuperarse de ellos es entender que la resiliencia es esencial en la nueva ética de la responsabilidad.

La ética

En palabras de Droit (2010), la ética es, ante todo, el conjunto de reflexiones derivadas de dos preguntas fundamentales: ¿qué debo hacer? y ¿cómo debo actuar? Esta palabra proviene del griego ethos, que significa hábitos, costumbres, modo de ser, carácter y está soportada desde los comportamientos, conductas y acciones voluntarias o no de la persona; por ello, la búsqueda está orientada a garantizar la justicia y lo correcto.

Ética e Ingeniería

Entendiendo que la Ingeniería no puede desarrollarse sin tomar en cuenta su correlación con los principios de la ética, pues los profesionales, como personas, son seres sociales que participan con grupos humanos y su área de conocimiento es considerada de riesgo social, la ética ejerce un papel regulador entre las personas y sus acciones.

Si bien es cierto que la Ingeniería como la sociedad comienzan a presentar estados de metamorfosis, hoy no todas las personas perciben dichos cambios, la sociedad pasa de estados sólidos a líquidos y dentro de estos cambios se debe identificar en qué casos hay resiliencia.

Para los primeros estados, los sólidos, se considera que ya todo ha estado definido, hay una cierta seguridad de principios para la sociedad: es el caso de estructuras duraderas que hoy se transforman en estructuras móviles.

De esta manera, los Ingenieros colombianos debemos entender que la resiliencia ética se da con el concurso de todos y con la convicción de que muchas estructuras se pueden recuperar sin perder su esencia; aún se puede conseguir volver y dar forma a los principios rectores que nos orienten en las acciones y nos lleven a reflexionar sobre el valor de desarrollar labores en el marco de la transparencia, la justicia y la responsabilidad dando la forma a las estructuras de una vida íntegra e integral.

En la metamorfosis de lo sólido a lo líquido, la resiliencia ética para los Ingenieros suele considerar algunas certezas, aunque ya no tan rígidas, pero que pueden apreciarse y medirse para tomar acciones de control, tal es el caso de la forma, el volumen y la visibilidad de cada uno de sus elementos que, para el caso de los principios restauradores, serán los presupuestos sobre los cuales se debe actuar buscando la forma en que los valores vuelvan a tener el sentido en la búsqueda del equilibrio con la responsabilidad para lograr el compromiso con la integralidad.

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